Un ejemplo a seguir: los obispos en busca de paz

No es necesario recordar los hechos de estas cuatro semanas. Sí lo es reparar en que vinieron gestándose desde hacía años, a lo largo de los cuales la Conferencia Episcopal Boliviana (CEB) buscó sostenida y valientemente aportar observaciones, y propuestas. En estas líneas me propongo poner en perspectiva sus mensajes desde el 19 de febrero de 2016. Aquel día algunos obispos lamentaron hechos de violencia y muertes, junto con la quema de la alcaldía de El Alto e invitaron a deponer la violencia, manifestando el deseo de que todos pudieran ejercer su voto de forma libre y responsable. Más tarde la CEB denunció públicamente el desconocimiento de los resultados de aquel referéndum.

El 20 de diciembre de 2016, monseñor  Pesoa recordó la necesidad de hacer respetar la voluntad popular expresada el 21 de febrero de dicho año. Meses más tarde, el Tribunal Constitucional emitió la sentencia 0084/2017 que desconocía la Constitución, anulando el artículo 168, parágrafo I, así como los resultados del referéndum del 21 de febrero del 2016. Ante ello, la CEB emitió el comunicado titulado ¿Dónde nos están conduciendo?, en el que lamentaba que esas instancias legales se hallaran sometidas al interés del poder político, obrando en contra de la ley y de la voluntad popular. 

El 5 de diciembre de 2018, monseñor Centellas, presidente de la CEB, reafirmó su postura en defensa del 21F, afirmando que el Tribunal no había actuado como órgano autónomo del Estado al desconocer la voluntad popular y las normas constitucionales. También pidió que el pueblo, en las movilizaciones previstas, se manifestara sin violencia. 

Días antes de las elecciones generales, el 11 de octubre de 2019, la CEB hizo un llamado para que los ciudadanos llevaran a cabo una votación consciente y democrática, sin presiones, a pesar de que reinaba un clima de desconfianza por el temor de posibles intentos de alteración de los resultados.

Los días 21, 22 y 23 de octubre de 2019, los obispos de la CEB mostraron su preocupación por los llamativos indicios de fraude e invitaron a preservar la paz, a la vez que propusieron convocar a una segunda vuelta electoral como salida justa, pacífica y democrática. Y ya en plena escalada de violencia, los días 8, 10, 11, 12, 14, 16 y 17 de noviembre, hizo constantes llamados a deponer actitudes violentas, lamentando las muertes y los actos vandálicos. 

Convocó a la oración por la paz y llamó al diálogo. También indicó que, a su entender, no hubo golpe de Estado. Exhortó a las fuerzas del orden a mantener la paz resguardando la vida humana. Recordó que todos estamos llamados a construir una Bolivia con democracia y, como siempre, se declaró dispuesta a mediar en el conflicto. Instó al actual gobierno a evitar todo exceso contra los sectores movilizados y a esclarecer rápidamente las muertes acaecidas en estas semanas. 

También convocó a todos los actores políticos y representantes de la sociedad a un diálogo con el fin de pacificar el país, buscando consensuar las condiciones de unas nuevas elecciones generales, entre ellas la designación de un nuevo Tribunal Supremo Electoral.

El 20 de noviembre de 2019, la CEB condenó la violencia en el comunicado que lleva por título “Basta de violencia y muerte”. En él, clama para que no se permita que “instigadores delincuentes generen más dolor”, a la vez que exhortó a los grupos movilizados a mantener actitudes pacíficas en la expresión de sus demandas. Asimismo, llamó a las fuerzas del orden a cumplir sus funciones constitucionales evitando el uso de violencia excesiva y resguardando la vida humana.

Estamos acostumbrados a este proceder de la CEB. Sus intervenciones son equilibradas, precisas, propositivas y, cuando se tercia, valientes. No parece casual la propuesta de la OEA de que la CEB acudiera para cooperar en el proceso de diálogo junto con algunas organizaciones y todos los actores políticos. La ausencia de una “agenda interesada”, junto con el constante deseo de construir puentes (como pide el papa Francisco), forjó la larga experiencia de la Iglesia en mediación de conflictos y conciliación. 

Ojalá los distintos actores políticos y movimientos sociales llamados al diálogo se animen a seguir ese ejemplo, y a acudir en favor del bien de todos, sin intereses sectoriales.

Bryan Peñaranda es  cientista político y miembro de Voces Católicas