Humanismo (Articulo de Opinión)

Nota del editor: Francesco Calabi es estudiante de 7° semestre de la carrera de Derecho, articulo realizado dentro de la materia Derecho Natural, a cargo de la Dra. Gisela Derpic.

Mientras leía de diferentes fuentes ideas, conceptos y definiciones que atañen al humanismo, me preguntaba “¿Cómo hacer para definir en tres páginas su importancia?”. De un lado percibía la complejidad de la tarea porque este enfoque es importante para la sociedad por principio, porque sí; es decir, sustentar dicha importancia no necesita rodeos ni vueltas pues su solo concepto resulta suficiente para quien pueda entenderlo. Y de otro, sabía que podría llenar un sinfín de páginas, impresas o virtuales como en este caso, escribiendo y escribiendo sin pausa alguna, sustentando que tiene una enorme importancia. Entonces me propuse resolver esa dualidad tratando de encontrar el equilibrio, y no ser breve ni ser extenso en busca de alcanzar el objetivo del trabajo: plasmar mi propia visión sobre el humanismo.

Resulta imprescindible, considero, establecer el concepto del humanismo, por lo que de los que leí, me permito adherir a este trabajo el siguiente: “El humanismo fue un movimiento filosófico, intelectual y cultural europeo surgido en el siglo XIV, que se basaba en la integración de ciertos valores considerados universales e inalienables del ser humano”. Filosofía, intelecto, cultura… ¡vaya mezcla, dispuesta de ser solventada .

De todo lo leído, rescato también que el humanismo surgió en oposición directa al pensamiento teológico en el que Dios es único centro de todo, no en el entendido de negación de la divinidad -de hecho, varios de los humanistas precursores eran cristianos, según leía-, sino en el entendido de que este pensamiento, concibe al ser humano como aparato conductor de una contribución ya establecida para la vida social; es decir que ve al ser humano, como protagonista y responsable de cada acto. Asumiendo además a la religión orientada hacia una función civil determinada: traer paz y orden a una sociedad.

El humanismo va de la mano con la moral, con el Bien como valor supremo, de lo que deriva su innegable importancia para la formación de los abogados, y creo yo que de los profesionales de cualquier especialidad. Va en contra del consumismo que convierte lo innecesario en necesario, del enriquecimiento material vano, superfluo, buscando alcanzar el desarrollo total del ser humano: físico, espiritual, estético y religioso, lo que desemboca en el bien de la sociedad, en una vida armoniosa de las personas.

Su oposición al consumismo despoja a quienes sigan esta corriente filosófica, intelectual y cultural, de esa sed insaciable y maligna que no hace más que separar y destruir sociedades, porque los individuos se convierten en objetos consumidores dejando de ser sujetos.

El humanismo toca el lado humano de las personas, esa fibra íntima que está envuelta y abrazada por valores. Sensibiliza, y en estos tiempos en los que nadie escucha a nadie, en los que vivimos todos contra todos, tiempos egoístas y mezquinos, en los que siempre estamos solos, devolviéndonos una virtud que abre paso y da lugar a la empatía, a la solidaridad, a la comprensión, a la unión y calidez, valores y derechos indispensables para reconstruir los pedazos de este mundo que se está desmoronando.

Es impresionante ver cómo los seres humanos nos despojamos de la parte que llevamos como estandarte en ese nombre humanos”. Impresionante digo porque se supone que estos valores y derechos que son “inherentes e inalienables” a nuestra naturaleza y dignidad como personas se van perdiendo, olvidando,  mientras crecemos, pues no hay ser más humanista que un niño, aquel que no está corrompido o aleccionado con opiniones impregnadas de prejuicios y estereotipos que afectan su innata sensibilidad y calidad humana; hasta el punto de que en el caso de aquel niño se resiste contra esa arremetida ideológica, se lo amenaza y castiga con el ridículo, la crítica y la humillación provocándole miedo, vergüenza y culpa.

Como resultado, en el mundo de quienes dejaron atrás la niñez, aquellos valores y derechos son  recordados y defendidos únicamente cuando conviene a intereses de unos en desmedro de otros, perdiendo su esencia natural.

El ser humano debe volver a ser lo que siempre fue: humano. Y el humanismo ayuda en esa conversión, en esa búsqueda del mejoramiento profundo personal. A ese cometido puede ser útil acercarse a las ideas que expone el humanismo a través de pensadores que lo propugnan. Algunas de tales ideas las transcribo a continuación.

«Donde reina el amor, sobran las leyes». (Platón)

“La excelencia moral es resultado del hábito. Nos volvemos justos realizando actos de justicia; templados, realizando actos de templanza; valientes, realizando actos de valentía”. (Aristóteles)

“Cinco grandes enemigos de la humanidad están dentro de nosotros mismos: la avaricia, la ambición, la envidia, la ira y el orgullo. Si nos despojamos de ellos gozaremos de la más completa paz». (Francesco Petrarca)

“No hagas estima de ti por tu apersonamiento físico o los bienes que la fortuna te deparó, sino por tu prestancia moral o los bienes del alma”. (Erasmo de Rotterdam) Sin siquiera saber la existencia de esta corriente, mi corazón me demandaba actuar acorde a ella. No sé si lo hago bien; es más probable que no. Pero ahora que tengo un poco más de conocimiento sobre el tema, es seguro, que trataré de actuar conforme al humanismo. Y si bien no era parte del trabajo anotar confesiones o promesas -me disculpo por eso-, no veía otra mejor forma de concluir el mismo.

1 comment

  • gabriela zenteno
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    Quiero felicitar al autor quede sorprendida por la manera en la que desarrollo el trabajo….. Y a usted Dra. Por haber logrado encaminar tan buen trabajo

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